El problema

 

 

¿Te acuerdas de tu niñez?

 

 

La ciudad de los niños es una agradable lectura, de aquellas con las que vas esbozando una suave sonrisa de ternura, mientras en los desvanes mentales aparecen las aventuras infantiles tan eternas como sencillas, tan apasionantes como aventureras. Tan placenteras. Sí, lo decimos ya, sin orden, la lectura de este libro es, también, un recordar la propia infancia a través de la cual el autor defiende todas sus propuestas. Defender una ciudad para los niñ@s es recordar y defender nuestra propia niñez.

 

El libro que aquí reseñamos aparenta ceñirse a un tema un tanto técnico: la relación del urbanismo con la infancia. Sin embargo, al pasar las páginas se convierte en una entrañable reivindicación de la infancia y, con ella, del juego y la pasión que borbotea en su vivir. La sorpresa, en una lectura sencilla, vital, y alegre, es encontrar, de otro modo, por otra vía, pero presente, esa misma pasión y ganas de jugar en uno mismo. El autor apela a nuestra propia infancia, a recordarla, pero también a reivindicarla en nuestro presente como un medio para hacer más clara las necesidades y derechos de los más pequeñ@s.

 

No obstante el mensaje que se desliza entre líneas, el libro se abre con una acuciante problemática: la imposibilidad de vivir en nuestras propias ciudades. Y es así, va siendo cada vez más recurrente oír comentarios similares, más evidentes e intensos si hay o habrá niñ@s.

 

Es cierto, la ciudad se ha convertido en un centro que pivota sobre la actividad del consumir o del trabajar y, en base a estos pilares, estructura su propio orden y dinámica.

La ciudad ya no es de los ciudadanos y menos aún de los niñ@s.

 

Grandes e impersonales marcas se apropian de los centros históricos, los coches circulan por doquier, no hay espacios verdes, hay un exceso de ruido, contaminación y rapidez… y, en conjunto, aparece la sensación, muchas veces real, de inseguridad, caos, desorden, suciedad y un largo etc.

 

Las alternativas más comunes son, o bien emigrar a zonas residenciales alejadas del centro, o bien encerrarse cómodamente en casa.

 

La primera, aunque aparente ser una buena opción, es en realidad una huida encubierta. Además, si la ciudad se ha ido construyendo paso a paso, las extra-radios acostumbran a ser zonas pragmáticas, frívolas y deshumanizadas. Se produce el efecto de separar el mundo en una zona para el trabajo y el consumo y, otra, para el descanso (la ciudad dormitorio). Efectivamente, las ciudades dormitorio son zonas para el descanso si atendemos a la lógica del trabajad@r, no para la lógica del jubilad@ o del niñ@ (por poner algunos ejemplos) que se convierte en una isla limitadísima, con pocos servicios y deshumanizada por su funcionalidad.

 

La segunda más conocida por todos y reivindicada con la frase La república independiente de mi casa es aún más nefasta. Amaga un sinfín de derivadas que, por ceñirnos al tema, sólo mencionamos de pasada y que se concretan con el aumento de: la sensación de aislamiento, el uso indiscriminado de la televisión o aparatejos varios (como función de canguro, educación o socialización), del individualismo o de la falsa creencia de que uno es independiente, de la falta de capacidad comunicativa, de la sensación de hacer confortable lo interior o privado para abandonar lo público por inseguro y amenazador, de la pérdida de lo social, etc.

 

A otro nivel, también cuestionado por el autor, está nuestro modelo de vida, resumido en nuestras prisas por alcanzar un presente o un futuro que se desliza entre nuestros dedos, a cada paso. Son prisas que nos impiden el compartir el tiempo con los nuestros, con las que posponemos el juego, etc. Estas prisas degradan nuestras relaciones y facilitan la culpabilidad y el intercambio de sucedáneos para compensar.

 

Expuesta así, resumidamente, la problemática: ¿qué propone el autor, habiendo descartado la migración y la estrategia ermitaña?

 

El autor, lo veremos, propone una serie de cambios pragmáticos y, nosotros, un volteo de nuestras vidas a través de la pregunta, abierta y olvidada, que se condensa en: ¿Te acuerdas de tu niñez?

 

 

 

 

8 Problemas y 8 soluciones

Problemas de un niñ@ en una ciudad

Cambiar la ciudad para cambiarnos

 

 

 

Ahí van algunas de las consideraciones, condensadas, de Tonucci:

 

 

  1. Las ciudades están hechas para los hombres, en masculino. No cualquiera, sino el trabajador, el que necesita movilidad, efectividad, comunicaciones, etc.

 

  1. Derivada de la primera, se considera ciudadano a aquel miembro apto para la circulación independiente en la ciudad. De otra categoría: tercera edad, infancia, minusvalías, etc.

 

  1. La ciudad la domina el automóvil. Tan presente, tan constante.

 

  1. La ciudad se convierte en un espacio para la compra-venta, especialmente, los centros históricos que dejan de ser una lugar para el recuerdo o el juego.

 

  1. Hay una separación y especialización de los espacios. Hay lugares para las oficinas, otros para el juego, otros para el deporte…

 

Un ejemplo son esas pequeñas burbujas llamadas parques infantiles. Son, a primera vista, remansos donde jugar. No obstante, Tonucci, con razón, carga contra ellas y no podríamos estar más de acuerdo.

Primeramente, son parcelas que demuestran el escaso espacio que dedica la ciudad a los niñ@s. Por otra parte, son parcelas segmentadas de la ciudad (claro, por la inseguridad de los coches, el movimiento, etc.). Parcelas valladas donde la seguridad prima por encima de cualquier otro valor. Los padres rodean ese parque o se entremezclan con los niñ@s imposibilitándoles el juego autónomo, libre… donde todo se condiciona para la comodidad de los padres.

 

 

  1. La privatización de la vidas a través de la atomización de los espacios privados, como espacios seguros y confortables.

 

  1. La aceleración de nuestras vidas.

 

  1. La configuración de espacios, rutinas, costumbres, etc. a través de la comodidad de los padres, sin tener en cuenta las necesidades de los pequeñ@s.

 

 

 

Tocar un tema que atañe a los niñ@s es, por fuerza, un tema movilizador cuyas derivadas alcanzan una vida adulta y la voltean. No podría ser de otra manera. Todo señalar la infancia implica una revolución.

 

Aquí van algunas de las propuestas de Tonucci. Las dos últimas son las que más nos entusiasman:

 

  1. Muy general: ponerse en la piel de la infancia. Es a través de ella cómo se debe configurar el urbanismo en las ciudades. Adaptar la ciudad a la vida de la infancia es adaptar la ciudad a cualquier colectivo.

 

  1. Privilegiar los recorridos peatonales.

 

  1. Favorecer el transporte público adaptado al uso de la infancia.

 

  1. Repoblar el centro histórico.

 

  1. Renunciar a los parques de los niños y cambiar la estrategia para dejar espacio. Dejar espacios significa regalar. No espacios que se dedican, sino espacios que se dejan.

 

  1. Invitar a los niñ@s a participar en los consejos municipales.

 

  1. Imprescindible cambiar la educación. Estamos hartos de oír que la escuela prepara para el futuro y para que el infante pueda ganarse la vida. Escuetamente, la vida ya la tienen y no hay que ganársela. Es preciso voltear el sentido que le damos a la escuela si a lo que se dirige es a preparar trabajador@s. La vida no puede ser simplificada a eso y, menos aún, a hacerlo con la terminología del merecer o no, del ganarse la vida, etc. Por otra parte, ¿podría la escuela preparar para el presente? La pregunta, abierta, esconde toda una cosmovisión que por espacio simplemente reivindicamos: que la escuela enseñe a vivir.

 

  1. Voto a los niños desde los 0 años. Esta propuesta nos encanta. Qué supone:

 

  • Los partidos políticos tendrán en cuenta este nuevo elector.

  • Se considera al niñ@ un ciudadan@ más, con derechos y obligaciones, partícipe y miembro de nuestra convivencia diaria.

  • Se les educa en la democracia.

  • Qué decir a los detractores:

    • Claro que los padres influenciarán en el voto… también lo hacen, de manera tajante y sin preguntar, bautizando o no haciéndolo, escogiendo el tipo de colegio, trasmitiendo valores…

    • Claro que los partidos políticos apelarán a su voto desde la publicidad sugestiva, ya nos lo hacen ahora a los adultos y, por supuesto, lo hacen las marcas todo el año. Qué gran oportunidad para la madurez.

    • El electorado aumenta, con lo que aumenta la complejidad y riqueza de nuestra democracia.

    • Los padres podrán votar, utilizando el voto del niñ@, teniendo en cuenta los interés de éstos.

 

 

Si bien éstas son algunas de las propuestas más pragmáticas del autor, queremos recuperar la radicalidad de la lectura que nos corresponde como filósofos y hacer emerger a la superficie la pregunta, vertiginosa, que condensamos con ¿Te acuerdas de tu niñez?

 

Esta pregunta no es otra cosa que señalar un olvido, por otra senda, de otra manera, de nosotros mismos. Re-encontrarnos a través de lo que la pregunta quiere engarzar es responder al reto de nuestras ciudades desde una radicalidad mayor que la de demandar más transporte público o más espacios verdes.

 

¿Te acuerdas de tu niñez? Es la pregunta abierta que dejamos para la última entrada dedicada a Tonucci.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5 Consejos para volvernos niños

 

 

Para acabar nuestra serie de entradas dedicadas al libro de Tonucci, recuperamos la frase del inicio: ¿Te acuerdas de tu niñez?

 

El libro que hemos desplegado a lo largo de estas últimas semanas hace necesario, para su comprensión, adentrarnos en la piel de los niños. Sin embargo, el autor no propone un simple acto de empatía o, incluso, de memoria. Lo que el autor quiere hacer emerger es que nosotros mismos, los adultos, recuperemos una dimensión pérdida, nuestra capacidad de volver a ser niños. Hacer el ejercicio de colocarse cual niño sin perder la madurez del adulto es lo que de fondo el autor propone. VOLVERSE NIÑO.

 

¿Qué quiere decir VOLVERSE NIÑO? Sin duda, no se trata de volver a ser niño. Primeramente, porque es imposible. Segundo, más importante, porque en esta tendencia, a veces hecha realidad, lo que aparece es un infantilismo fraudulento, un escapismo y una desconexión.

 

La propuesta nos recuerda, sin duda, la metamorfosis tan defendida por Nietzsche, aquella consistente en pasar de camellos a leones y de leones a niños. Camellos que cargan diferentes mochilas (trabajo, incapacidad de poner límites o decir no, auto-exigencia, etc.), leones que desbrozan una vida no querida, niños o niñas que la viven (en presente).

 

¿Qué quiere decir VOLVERSE NIÑO?

 

Es esta la pregunta que Tonucci pone en juego para reivindicar una ciudad para los niños y que nosotros radicalizamos con la propuesta de volvernos niños.

 

Para prepararnos para la respuesta, sugerimos recuperar la memoria. No simplemente para evocar o recordar como un ejercicio meramente mental, sino para recuperar las sensaciones que acompañan a todo rememorar: la brisa de la playa, desgañitarse chillando, las peladuras en las rodillas, los amigos, la eternidad del tiempo, las aventuras de los héroes…  recordar, sí, revivir, sí, pero no sólo.

 

Evocar estas sensaciones no pretende volver una mirada para convertirla en melancólica. Evocar consiste en retrobar la inspiración necesaria para recuperar aquello que nos hacía vibrar: el juego y el placer como dos formas para acercarnos y vivir, volver a vivir, nuestro mundo.

 

Juego y placer no para una evasión de todas nuestras obligaciones, sino como forma de rasgar aquella sensación, tan generalizada, de la pesadez de los años, que mal conceptualizada, no es el precio por hacerse mayor, sino una resignación encubierta o exhibida a los 4 vientos y una pérdida de ambas dimensiones, placer y juego.

 

¿Qué quiere decir VOLVERSE NIÑO?

 

Si paras a pensar y te dedicas un tiempo en reposo y de calidad: ¿Quién mejor que tú para responderlo? ¿Qué implicaría para ti recuperar la pasión, el juego y el placer?

 

 

Proponemos 5 consejos para que cada cual, a su manera, pueda acercarse:

 

  • Recuperar la pasión, el fuelle perdido y el pathos (el dejarse afectar y saberse afectado).

  • Centrarse en el presente.

  • Escuchar y dejar expresar lo corporal

  • Jugar, jugar y jugar (a caminar, a leer, a saltar, a nadar, a chapurrear y hasta el infinito).

  • Relacionarse con el corazón y no tanto con la cabeza.

 

Y continuaremos… en otra plaza, en el mismo sendero, palpitando.

 

 

·

 

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Tonucci y la infancia libre

Nacho Bañeras 

Artículos:

La importancia del álbum ilustrado

Inspiraciones:

Claudio Naranjo

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