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by Lila

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Tengo el secreto: sólo consiste en parar (Jorge Riechmann)

14/03/2015

 

En una entrevista a Jorge Riechmann (Madrid, 1962), comentaba éste que una de las finalidades de la poesía consiste en que puede devolvernos a los muertos, restaurar el cordón umbilical con las estrellas, restañar con piedad las heridas constitutivas.

 

Para los adictos a la poesía, éste es uno de los umbrales que ansiamos traspasar, confiando encontrar un espacio, a través del recogimiento interno y del silencio, con el que poder engarzar, similar a los sueños pero con la luz de la conciencia y con el suave acompasar del cuerpo, el sentir del poeta con nuestro propio vibrar.

 

Hay poetas y poemas que nos son más afines, otros escapan de nuestra experiencia y comprensión y hay algunos, tan boreales, que nos entreabren mundos y mentes por desnudar. No obstante, una de las experiencias de la lectura, en especial de la poesía, es poder drenar, a través de la solidaridad de ese hilo tan invisible y potente de la lectura, esas heridas constitutivas que, como seres vivos y humanos, somos portadores.

 

A Riechmann lo descubrí y me enganché por un poema dirigido a Arthur Rimbaud. Un poema para dar cuenta de la comentada frase la verdadera vida está ausente, siendo su interlocutoria similar a la mía[1].

 

No.

La verdadera vida

siempre está ahí

siempre estuvo

 

y nosotros

por diversión

por prisa

por fraude

por astucia

por Nietzsche y por Pascal

por herrumbre y por miedo

 

pese a que siempre somos perdonados

no nos atrevemos a volver

dejamos que se cierre la ventana

no liberamos al animal atado

 

ausentes sin remedio

de nuestra propia vida.  

 

            Lectura errónea de Arthur Rimbaud

 

-¿Hacia dónde tengo que ir?- es una de nuestras preguntas habituales, de aquellas fieles compañías estirándonos hacia el futuro, emergiendo en nuestros momentos de reflexión o en el espacio terapéutico, como si la verdadera vida estuviera aún por llegar, como si, pudiendo encontrar una fórmula mágica, pudiéramos ausentar, tranquilizar, acallar o hacer desaparecer, de nuestra vida, todas esas fallas constitutivas (nuestras heridas, lloros y lutos), olvidando nuestra increíble pobreza: sólotenemos este instante que pasa. 

 

Sí, siempre vamos más allá, hacia la fantasía del futuro o la imagen del pasado. Ficciones para obstruir, especialmente, el magma de sentires que, cual oleaje (más tranquilo o más intenso) sentimos.

 

Con historias (sencillas, elaboradas), mitos, explicaciones, teorías, dinastías, arrebujamos nuestra marejada, ficciones para saturar lo que, pobremente, tenemos: este instante que va pasando, tan inaprensible.

 

Y ahí va, sólo se salvan los que no tienen prisa, drenando lo que la marejada traiga.

 

Todo eso llegará, si no alimentas

la estafa de la inocencia llegará,

si no te descoyuntas de avidez

No tengas prisa.

 

Cuando encima de ti arde el cielo,

cuando a tu alrededor se derrumban

los agraviados andamios del mundo, no tengas prisa.

Sólo se salvan los que no tienen prisa.

 

Todo está ahí donde sabes

encontrarlo.

 

            (Como si todo estuviera por llegar, De La estación vacía)

 

 

Este instante, justo el momento en el que estás, es lo que puede llegar, siempre que avientes la esperanza, falso rayo de luz, y no te pierdas con las prisas.

 

El todo está ahí donde sabes encontrarlo es, creo, parte de la clave. Y es sólo parte porque, el llegar del que habla, demanda ciertas condiciones, entre otras: un hábitat, una forma de respirar y una forma de vivir que no siempre estamos dispuestos a dejar que aparezcan.

Foto de Pietro Morello (muy recomendable).

En una entrevista a Jorge Riechmann (Madrid, 1962), comentaba éste que una de las finalidades de la poesía consiste en que puede devolvernos a los muertos, restaurar el cordón umbilical con las estrellas, restañar con piedad las heridas constitutivas.

 

Para los adictos a la poesía, éste es uno de los umbrales que ansiamos traspasar, confiando encontrar un espacio, a través del recogimiento interno y del silencio, con el que poder engarzar, similar a los sueños pero con la luz de la conciencia y con el suave acompasar del cuerpo, el sentir del poeta con nuestro propio vibrar.

 

Hay poetas y poemas que nos son más afines, otros escapan de nuestra experiencia y comprensión y hay algunos, tan boreales, que nos entreabren mundos y mentes por desnudar. No obstante, una de las experiencias de la lectura, en especial de la poesía, es poder drenar, a través de la solidaridad de ese hilo tan invisible y potente de la lectura, esas heridas constitutivas que, como seres vivos y humanos, somos portadores.

 

A Riechmann lo descubrí y me enganché por un poema dirigido a Arthur Rimbaud. Un poema para dar cuenta de la comentada frase la verdadera vida está ausente, siendo su interlocutoria similar a la mía[1].

 

No.

La verdadera vida

siempre está ahí

siempre estuvo

 

y nosotros

por diversión

por prisa

por fraude

por astucia

por Nietzsche y por Pascal

por herrumbre y por miedo

 

pese a que siempre somos perdonados

no nos atrevemos a volver

dejamos que se cierre la ventana

no liberamos al animal atado

 

ausentes sin remedio

de nuestra propia vida.  

 

            Lectura errónea de Arthur Rimbaud

 

-¿Hacia dónde tengo que ir?- es una de nuestras preguntas habituales, de aquellas fieles compañías estirándonos hacia el futuro, emergiendo en nuestros momentos de reflexión o en el espacio terapéutico, como si la verdadera vida estuviera aún por llegar, como si, pudiendo encontrar una fórmula mágica, pudiéramos ausentar, tranquilizar, acallar o hacer desaparecer, de nuestra vida, todas esas fallas constitutivas (nuestras heridas, lloros y lutos), olvidando nuestra increíble pobreza: sólotenemos este instante que pasa. 

 

Sí, siempre vamos más allá, hacia la fantasía del futuro o la imagen del pasado. Ficciones para obstruir, especialmente, el magma de sentires que, cual oleaje (más tranquilo o más intenso) sentimos.

 

Con historias (sencillas, elaboradas), mitos, explicaciones, teorías, dinastías, arrebujamos nuestra marejada, ficciones para saturar lo que, pobremente, tenemos: este instante que va pasando, tan inaprensible.

 

Y ahí va, sólo se salvan los que no tienen prisa, drenando lo que la marejada traiga.

 

Todo eso llegará, si no alimentas

la estafa de la inocencia llegará,

si no te descoyuntas de avidez

No tengas prisa.

 

Cuando encima de ti arde el cielo,

cuando a tu alrededor se derrumban

los agraviados andamios del mundo, no tengas prisa.

Sólo se salvan los que no tienen prisa.

 

Todo está ahí donde sabes

encontrarlo.

 

            (Como si todo estuviera por llegar, De La estación vacía)

 

 

Este instante, justo el momento en el que estás, es lo que puede llegar, siempre que avientes la esperanza, falso rayo de luz, y no te pierdas con las prisas.

 

El todo está ahí donde sabes encontrarlo es, creo, parte de la clave. Y es sólo parte porque, el llegar del que habla, demanda ciertas condiciones, entre otras: un hábitat, una forma de respirar y una forma de vivir que no siempre estamos dispuestos a dejar que aparezcan.

Foto de Pietro Morello (muy recomendable).

 

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