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by Lila

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La pasión o el entusiasmo I

23/06/2015

 

Vengo queriendo hacer un pequeño escrito sobre la pasión y, siendo ésta una primera aproximación, te invito a que participes en él, a compartir tu experiencia sobre esta afección para poder ejercer la actividad del pensar junt@s, para hacer de ello algo colectivo, más rico en sentidos, más complejo y más profundo, para que, con ello, nos deslicemos hacia un pensar colectivo y, por ende, más radical.

 

La próxima entrada dedicada a La pasión o el entusiasmo estará compuesta a través de vuestras aportaciones.

 

Recibiremos todas vuestras sugerencias a través de nuestro correo electrónico: filoaplicada@gmail.com

 

Siete reflexiones sobre la pasión o el entusiasmo:

 

PRIMERA

 

Lo que más sorprende es lo alejados que estamos de esta forma de vida. ¿Cuántas veces la habéis notado en propias carnes o visto en otros?

 

Es una lejanía que hace más comprensible nuestro enganche narcótico y el empuje de la búsqueda de lo que normalmente llamamos euforia. Para una vida que rastrea buscando colorear el día a día, con la polifonía de colores existentes y una insatisfacción constante, sólo nos sirve la intensidad de quemar instantes. A la euforia le corresponde, por compensación, esa depresión sostenida que deviene con una sensación empantanada, pesada y aletargada y las consiguientes expresiones de: no sé qué hacer con mi vida, estoy apagado, no tengo rumbo, y un largo etc.

 

Rascando en la sorpresa, aparece la rabia y la tristeza, pues no deja de ser un signo más de nuestro propio olvido, ese olvido de sí, de nuestro sí mismo, con el que adormecemos nuestro horadar diario. Olvido de nosotros, olvido de nuestra propia vida.

 

 

SEGUNDA

 

Hablamos de una afección y, por ende, de algo que nos afecta. ¿Eso quiere decir que no depende de nosotros?

 

La pregunta abre la cuestión sobre cómo aparece esta sensación y de la relación que mantenemos con ella. Es decir, o bien depende de lo que para los cristianos es la Gracia o para los griegos, por ejemplo, el Daímon, y, por tanto, hay personas que están señaladas por una estrella y otras no, o bien depende de una actitud a través de la cual nosotros podemos facilitar su aparición.

 

Queremos, de manera provisional, posicionarnos en un intermedio, puesto que, si bien depende de la azar, este azar, a su vez, no es del todo casual. ¿De qué depende entonces la relación exactamente?

 

 

TERCERA

 

 

Abrir la temática de la pasión es abrir la pregunta por el sentido de la vida. Si preguntamos por nuestra pasión de una manera radical, lo hacemos implicando nuestra propia existencia. No estamos preguntando qué queremos hacer en determinado momento del día o en las vacaciones, preguntamos sobre algo que interpele y movilice nuestra existencia. Es por ello que, preguntar sobre nuestra pasión, abre la pregunta por nuestro propio sentido. ¿Qué sentido tiene la vida? abre la pregunta ¿Qué sentido tiene mi vida?

 

La relación entre ambas preguntas permite vernos como seres para la narración, es decir, somos seres necesitados de un marco de referencia, de una malla de sentido que nos sostenga de un silencio avasallador. El lenguaje, que nos acoge, que nos permite poner nombre, con el que hilvanamos sentidos y expresiones, es un ejemplo de esta red que tejemos frente a la nada para sentirnos acogidos. ¿Cuántas veces abrimos la boca para acallar ese silencio violento que aparece entre nosotros?

 

El sentido, responder a estas preguntas, tiene algo que ver con la pasión. ¿Cómo responder a ellas sin pasión, en automático, dejando que otros lo hagan o, aún peor y, sin embargo más común, no responder con el olvido, la procrastinación o la omisión?

 

 

CUARTA

 

Titulo el texto como la pasión y, sin embargo, cambio ahora la palabra por el entusiasmo que, aunque parece una sensación de menor rasgo, no tiene la connotación negativa de la primera que, por su propia raíz etimológica, la podemos confundir con el padecer o el sufrimiento. Las derivadas de este cambio nominativo dan más de sí.

 

Entusiasmo viene del griego para significar una inspiración divina, un éxtasis. Es una palabra derivada de la composición en-theos, esto es, llevar un dios dentro. Si aprovechamos mejor su significación original, entusiasmado es aquel que consigue un estado sagrado, donde sagrado simplemente quiere decir estar al lado de lo divino, llevarlo dentro. Recordad la sorpresa, en la primera reflexión, de encontrar un sujeto perdido, olvidado de sí mismo.

 

Hilando cabos hasta aquí, responder a la pregunta del sentido no es otra cosa que honrar esta vida que tenemos. Formular la pregunta y probar de responderla, a través de la propia vida y no sólo de un ejercicio mental o temporal, es entrar en contacto con nosotros mismos, en la medida que, hacia dentro, somos también la pregunta. Preguntarnos sobre nuestro sentido, nuestro pasión (aquello que nos mueve) es acordarnos de nosotros mismos.

 

 

 

 

QUINTA

 

Honrar, deriva del respetar que, a su vez, significa y tiene relación con el mirar, con un mirar de una determinada manera, un mirar insistentemente, con consideración.

 

En mi experimentar, el entusiasmo es un estado sostenido con el que puedo estar más conectado o cercano o más alejado y olvidado. Hablamos, por tanto, de una actitud, una actitud que tiene se relaciona con un mirar de determinada manera, de tal forma que nos permita estar más conectados. ¿Más conectados a qué?

 

 

SEXTA

 

Tener pasión o ser un entusiasta tiene que ver con el estar conectados con nuestro ser y ello, como voy recalcando incansablemente, aparece haciendo un recorrido personal.

 

Sin embargo, quiero concretar qué quiere decir estar conectados a nuestro ser, puesto que suena muy bien pero dice muy poco. Estar conectados a nuestro ser, hace referencia a la necesidad de estar cercanos a la pregunta por la pasión.

 

Como podéis ver, el pensamiento es circular (vamos de un lado para volver al mismo) y esa circularidad a su vez se produce en espiral, de tal forma que podemos ir medrando de lo superficial a lo profundo.

 

 

SÉPTIMA (última)

 

Cuando estamos más cercanos a nosotros mismos es cuando podemos contactar con nuestra parte menos estructurada, más silenciosa, aquella que simplemente se abre ante la pregunta.

 

Digámoslo de otra manera, creemos que necesitamos una respuesta para aclarar la pregunta de quiénes somos y a partir de aquí articular una respuesta para la pasión, un motivo de vida o un sentido. Sin embargo, nunca estamos más cercanos a nosotros mismos que ante la misma pregunta, quizás porque, en el fondo, tenemos la misma estructura que esa pregunta, somos y estamos, por esencia, poseídos por el dios del lenguaje que se expresa zigzagueando en el vacío.

 

De nuevo, no quiero que sean sólo palabras bonitas, aunque el pensamiento, desde nuestra concepción, sólo pueda expresarse a través del lenguaje poético. Lo que quiero decir, de otro modo, es que cuándo estamos más cercanos a nosotros mismos no es cuando respondemos, sino cuando reconocemos nuestro propio silencio, nuestro propio vacío y nuestra consustancial vulnerabilidad.

 

Es por ello, ya lo sabéis, que para nosotros, nuestra pasión, nuestro arrebato, no es otro que una actitud entusiasta hacia la Cura Sui.

 

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