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by Lila

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¿Te acuerdas de tu niñez? Problemas de un niño en una ciudad. Cambiar la ciudad para cambiarnos (parte I).

23/09/2015

 

 

 

 

El problema

 

 

¿Te acuerdas de tu niñez?

 

 

La ciudad de los niños es una agradable lectura, de aquellas con las que vas esbozando una suave sonrisa de ternura, mientras en los desvanes mentales aparecen las aventuras infantiles tan eternas como sencillas, tan apasionantes como aventureras. Tan placenteras. Sí, lo decimos ya, sin orden, la lectura de este libro es, también, un recordar la propia infancia a través de la cual el autor defiende todas sus propuestas. Defender una ciudad para los niños es recordar y defender nuestra propia niñez.

 

El libro que aquí reseñamos aparenta ceñirse a un tema un tanto técnico: la relación del urbanismo con la infancia. Sin embargo, al pasar las páginas se convierte en una entrañable reivindicación de la infancia y, con ella, del juego y la pasión que borbotea en su vivir. La sorpresa, en una lectura sencilla, vital y alegre, es encontrar, de otro modo, por otra vía, pero presente, esa misma pasión y ganas de jugar en uno mismo. El autor apela a nuestra propia infancia, a recordarla, pero también a reivindicarla en nuestro presente como un medio para hacer más claros los derechos y necesidades de los más pequeños.

 

El libro se abre con una acuciante problemática: la imposibilidad de vivir en nuestras propias ciudades. Y es así, va siendo cada vez más recurrente oír comentarios similares, más evidentes e intensos si hay o habrá niños.

 

Es cierto, la ciudad se ha convertido en un centro que pivota sobre la actividad del consumir o del trabajar y, en base a estos pilares, estructura su propio orden y dinámica.

La ciudad ya no es de los ciudadanos y menos aún de los niños.

 

Grandes e impersonales marcas se apropian de los centros históricos, los coches circulan por doquier, no hay espacios verdes, hay un exceso de ruido, contaminación y rapidez… y, en conjunto, aparece la sensación, muchas veces real, de inseguridad, caos, desorden, suciedad y un largo etc.

 

Las alternativas más comunes son, o bien emigrar a zonas residenciales alejadas del centro, o bien encerrarse cómodamente en casa.

 

La primera, aunque aparente ser una buena opción, es en realidad una huida encubierta. Además, si la ciudad se ha ido construyendo paso a paso, los extrarradios acostumbran a ser zonas pragmáticas, frívolas y deshumanizadas. Se produce el efecto de separar el mundo en una zona para el trabajo y el consumo y otra para el descanso (la ciudad dormitorio). Efectivamente, las ciudades dormitorio son zonas para el descanso si atendemos a la lógica del trabajador, no para la lógica del jubilado o del niño (por poner algunos ejemplos), que se convierte en una isla limitadísima, con pocos servicios y deshumanizada por su funcionalidad.

 

La segunda, más conocida por todos y reivindicada con la frase La república independiente de mi casa es aún más nefasta. Amaga un sinfín de derivadas que, por ceñirnos al tema, sólo mencionamos de pasada y que se concretan con el aumento de: la sensación de aislamiento, el uso indiscriminado de la televisión o aparatejos varios (como función de canguro, educación o socialización), el individualismo o la falsa creencia de que uno es independiente, la falta de capacidad comunicativa, la sensación de hacer confortable lo interior o privado para abandonar lo público por inseguro y amenazador, la pérdida de lo social, etc.

 

A otro nivel, también cuestionado por el autor, está nuestro modelo de vida, resumido en nuestras prisas por alcanzar un presente o un futuro que se desliza entre nuestros dedos, a cada paso. Son prisas que nos impiden el compartir el tiempo con los nuestros, con las que posponemos el juego, etc. Estas prisas degradan nuestras relaciones y facilitan la culpabilidad y el intercambio de sucedáneos para compensar.

 

Expuesta así, resumidamente, la problemática, ¿qué propone el autor, habiendo descartado la migración y la estrategia ermitaña?

 

El autor, lo veremos, propone una serie de cambios pragmáticos y nosotros un volteo de nuestras vidas a través de la pregunta, abierta y olvidada, que se condensa en: ¿Te acuerdas de tu niñez?

 

 

 

 

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