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by Lila

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No hay que buscar ¿Cómo profundizar en un vivir profundo?

23/09/2017

 

Seguimos con las degustaciones del curso Contemplación, ésta es la tercera.

 

No hay que buscar. Hay tantos caminos abiertos como personas:

 

Chasquear los dedos, llorar sin parapeto, sonreír con ingenuidad, mirar hacia dentro, escuchar el barullo de lo que nos rodea…

 

¿Cómo profundizar en un vivir profundo?

¿Cómo adentrarse por un camino que sólo invita?

 

El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar; desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama a ir hasta donde vaya marcando su voz. Y se la obedece; luego no se encuentra nada, nada que no sea un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así. No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada de ellos. Nada determinado, prefigurado, consabido!

Maria Zambrano

 

Para caminar por este camino tan sutil que resulta ser un no-camino hay que dejarse guiar por el conocimiento del amor, es decir, por un conocimiento que al ser silencioso no es un conocimiento interpretación, representación, sino un conocimiento compenetración, unificación.

Para oír las orientaciones de semejante guía es preciso haber dejado atrás todo rasgo de egoísmo.

 

Marià Corbí

 

En cada rincón de la cotidianidad se abren umbrales que nos invitan a adentrarnos por los meandros de un vivir más profundo. Son umbrales con múltiples rostros: la belleza, el sufrimiento, el otro, el silencio, la rabia… Desde nuestra pequeñez y desde la ignorancia que le corresponde a un saber que se yergue sobre una identidad, juzgamos a través de una sencilla polaridad (bueno-malo, erróneo-acertado, útil-inútil), alejándonos de una constante presencia que se manifiesta de infinitas maneras y que, no obstante, es siempre la misma.

Chasquear los dedos, llorar sin parapeto, sonreír con ingenuidad, mirar hacia dentro, escuchar el barullo de lo que nos rodea, saborear la taza de té, gritar sin medida, coincidir con la mirada… y tanto y tantos otros… son umbrales.

 

El camino que aquí mismo conduce al conocimiento silencioso es un camino sutil, oculto, sin normas fijadas infalibles, precisamente porque hay que hacerlo aquí mismo, en la misma vida cotidiana con toda su variabilidad y exuberante diversidad. Hay tantos caminos abiertos como personas. Es un camino sin huellas porque en realidad es un no-camino.

Marià Corbí

 

Finalmente, respecto a la imagen-texto de Omar Khayyam (del Rubaiyat), puede comprenderse con más profundidad que, mientras todo arde (en la simbología de la conciencia = luz), aquello que queda es el mismo fuego, la propia hoguera a la que, quizás, al propio Khayyam le gustaría ver o acercarse.

 

 

Foto de Andrés Muñoz.

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