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by Lila

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La respiración contemplativa (1era parte)

13/11/2017

 

El ejercicio contemplativo y, por tanto, la actitud contemplativa es un ejercicio total, completo. Es decir, para llevarse a cabo, debe ser ejecutado con todo nuestro ser: desde el cuerpo (con-tacto y con contacto), el corazón (expresión-emoción-amor) y la cabeza (no-saber).

 

Para facilitarlo, es imprescindible tener en cuenta una respiración completa. Si, como habitualmente, no tenemos la respiración en cuenta mantenemos toda la atención en la cabeza y evidenciamos el olvido de nosotros mismos con el que estamos acostumbrados a vivir.

 

¿Por qué es tan importante la respiración en general y, particularmente, en el camino hacia la actitud contemplativa?

 

Respirar nos permite:

 

    · Contactar con el cuerpo y, desde ahí, poder relajarnos

      (especialmente con las exhalaciones).

    · Tener un centro desde el que notarnos más allá de lo que pasa

      en la cabeza.

    · Encontrar un ritmo constante, siempre a mano, que nos ubica

      en el presente.

 

Os propongo un ejercicio mientras estáis contemplando/meditando:

 

Adentrarnos en la respiración (en nosotros mismos) teniendo en cuenta sus tres fases y un ejercicio final de contacto-concentración.

 

Respiración abdominal o diafragmática

 

Este tipo de respiración ayuda a fortalecer el diafragma y a disminuir la tasa de respiración. Para realizarlo, túmbate boca arriba o siéntate en una postura que te permita mantener la espalda recta. Pon una mano en la parte superior del pecho y la otra en tu abdomen, de esta forma sentirás los movimientos del diafragma cuando respires.

Inspira lenta y profundamente, la mano en tu pecho debe permanecer tan quieta como sea posible y la de tu abdomen debe subir a la vez que coges aire.

Retén la respiración contando hasta tres, luego suelta el aire teniendo en cuenta que la mano de tu pecho debe permanecer quieta y la de tu abdomen debe bajar a la vez que espiras.

Dedícale unos minutos.

 

Respiración costal o torácica

 

Ahora tu atención debe centrarse en el tórax y en las costillas. Como en el ejercicio anterior, coloca una mano en la parte superior del pecho y otra en el abdomen.

Inspira lenta y profundamente, la mano de tu pecho debe subir a la vez que coges aire y la de tu abdomen debe permanecer quieta. Debes apreciar cómo tu caja torácica se llena y se vacía y cómo tu abdomen permanece quieto mientras tanto.

Dedícale unos minutos.

 

Respiración clavicular

 

Este tipo de respiración es pobre y superficial y predomina normalmente en personas con nerviosismo, alteradas o ansiosas (por poner algunos ejemplos). Puede provocar hiperventilación dando lugar a mareos y vértigos por lo que sólo debes realizar este ejercicio para comprobar los músculos que intervienen y no como un entrenamiento diario.

Coloca una mano en tu pecho y otra en tu abdomen. Inspira lenta y profundamente, debes notar que tu abdomen y tu pecho permanecen quietos mientras que la parte superior del tórax y las clavículas se llenan de aire. Expulsa todo el aire y presta atención a como tu zona clavicular se vacía.

Dedícale poco tiempo.

 

Respiración completa

 

Es la unión de los tres tipos de respiración que hemos visto anteriormente. Utiliza todos estos músculos a la vez con el propósito de aprovechar al máximo toda tu capacidad pulmonar para relajarte.

  1. Para comenzar expulsa todo el aire de tus pulmones.

  2. Coloca una mano en tu pecho y otra sobre tu abdomen.

  3. Inspira lentamente sintiendo como se hincha tu abdomen, luego continúa inspirando un poco más y siente como la parte alta de tu pecho y seguidamente tus clavículas se expanden más sutilmente.

  4. Mantén el aire durante tres segundos.

  5. Comienza a expulsar el aire por la boca sintiendo como tus clavículas se deshinchan, seguidamente el tórax y después tu abdomen, en orden inverso a cuando inspiras.

  6. Por último mantén tus pulmones vacíos unos instantes hasta que tengas ganas de volver a respirar y comienza de nuevo el ejercicio.

  7. Te recomiendo no hacer ningún esfuerzo en el ejercicio y hacerlo contactando con el gusto y el placer de dedicarte únicamente a ello.

 

Contactar con la respiración completa permite adentrarnos en una actitud más atenta, relajada y profunda. Aquí empieza a emerger la actitud contemplativa. Nos quedará, todavía, un segundo ejercicio con la respiración para seguir profundizando en la técnica de concentración y vaciamiento interno (veremos ésta a lo largo del Curso de Contemplación).

 

 

 

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