Ren

仁 (rén)

Ren: Virtud confuciana de humanidad o benevolencia: tratar a los demás con bondad y respeto.

Rén es la virtud central de la ética de Confucio, el maestro chino que vivió entre los siglos VI y V antes de nuestra era. Se traduce como humanidad, benevolencia, bondad o amor al prójimo, y el propio carácter chino que la escribe combina los signos de persona y de dos, lo que sugiere que la humanidad se realiza en la relación con los otros. En las Analectas, que recogen las enseñanzas de Confucio, el ren aparece como la cualidad que distingue a la persona noble, el junzi, y como el horizonte de toda educación moral.

Confucio nunca dio una definición cerrada del ren, sino que lo describió de maneras distintas según el discípulo que preguntaba. Una de sus formulaciones más célebres es una versión de la regla de oro: no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan. El ren se cultiva en las relaciones concretas, empezando por la familia, y se expresa a través del li, las formas rituales y la cortesía que dan forma a la convivencia. Mencio, el gran continuador de Confucio, sostuvo que todo ser humano tiene un germen de bondad, y lo ilustró con la reacción espontánea de cualquiera que ve a un niño a punto de caer en un pozo.

Nos resulta valiosa esta ética porque sitúa la vida buena en el tejido de las relaciones, no en el individuo aislado. El ren tiene afinidades con la compasión budista, con la justicia estoica y con la empatía de la psicología humanista, y ofrece un contrapunto a la cultura individualista contemporánea. También nos invita a revalorizar las formas: la cortesía, el respeto, los pequeños rituales cotidianos no son convenciones vacías, sino maneras de cuidar los vínculos. Al mismo tiempo, leemos con espíritu crítico las jerarquías sociales que el confucianismo histórico justificó.

Cultivar el ren empieza por lo cercano. ¿Cómo trato a las personas con las que convivo cada día? ¿Tengo en cuenta cómo les afectan mis acciones? ¿Cuido las formas que hacen agradable la vida en común? Confucio insistía en el aprendizaje constante y en el examen de uno mismo: revisar cada día si hemos sido leales, sinceros y considerados. No se trata de grandes gestos, sino de una bondad sostenida en lo cotidiano, que poco a poco se extiende del círculo íntimo a la comunidad y al mundo.

Véase también

Compasión

Sensibilidad ante el sufrimiento propio y ajeno unida al deseo de aliviarlo.

Justicia

Virtud de dar a cada uno lo que le corresponde y de actuar en beneficio de la comunidad.

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