Epojé

ἐποχή (epokhé)

Epojé: Suspensión del juicio que practicaban los escépticos para alcanzar la tranquilidad; la fenomenología la retomó como método.

Los escépticos pirrónicos, cuya doctrina conocemos sobre todo por los escritos de Sexto Empírico, observaron que para casi cualquier afirmación pueden encontrarse argumentos de fuerza equivalente a favor y en contra. Ante ese equilibrio, proponían la epokhé, la suspensión del juicio: no afirmar ni negar, abstenerse de decidir si las cosas son en sí mismas buenas o malas, verdaderas o falsas. Lo sorprendente es la consecuencia que describían. Al dejar de aferrarse a opiniones, aparecía casi por sorpresa la ataraxia, la tranquilidad del alma.

El escepticismo antiguo no era una negación del mundo ni una parálisis práctica. El escéptico vivía siguiendo las apariencias, las costumbres y las necesidades del cuerpo, pero sin la carga de dogmas sobre la naturaleza última de las cosas. Siglos después, Montaigne recuperó esta actitud con su célebre pregunta «¿qué sé yo?». Y en el siglo XX, Edmund Husserl tomó el término para su método fenomenológico: poner entre paréntesis nuestras suposiciones habituales sobre el mundo para atender a cómo se nos da realmente la experiencia, sin prejuzgarla.

Nos interesa como ejercicio de humildad y de libertad intelectual. Gran parte de nuestro sufrimiento y de nuestros conflictos nace de juicios precipitados: sobre los demás, sobre nosotros mismos, sobre lo que debería ser. Suspender el juicio no significa renunciar a pensar, sino abrir un espacio antes de concluir. Ese gesto tiene parientes en muchas tradiciones: la mente de principiante del zen, la observación sin juicio de la atención plena o la escucha que se pide en el acompañamiento terapéutico. En un tiempo de opiniones instantáneas, es también un antídoto crítico.

En la vida diaria, la epojé puede practicarse en pequeñas dosis. Ante una situación que nos irrita, detenerse a notar qué juicio estamos haciendo y preguntarse si es tan seguro como parece. Escuchar a alguien sin preparar la respuesta. Leer un texto que nos contradice sin descartarlo de entrada. No se trata de no tener convicciones, sino de sostenerlas con más ligereza, sabiendo que podemos estar equivocados. A menudo, esa ligereza trae consigo una calma que ninguna certeza nos había dado.

Véase también

Ataraxia

Estado de serenidad y ausencia de perturbación del alma, meta de epicúreos, escépticos y estoicos.

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