Descubre "Semana Serena", nuestro programa gratuito de iniciación a la actitud serena
Únete aquíTemplanza: Virtud de la moderación y el dominio de uno mismo frente a los deseos y los placeres.
La palabra griega sophrosýne es difícil de traducir. Significa moderación y dominio de uno mismo, pero también sensatez, sobriedad y una especie de salud del alma. Platón le dedicó el Cármides, donde se ensayan distintas definiciones sin llegar a una conclusión definitiva, y en la República la describió como la armonía que se produce cuando las partes del alma aceptan quién debe gobernar. Aristóteles la entendió como un término medio en relación con los placeres del cuerpo, entre el desenfreno y una insensibilidad que tampoco consideraba virtuosa.
Conviene no confundirla con la represión o el puritanismo. Para los antiguos, la templanza no consistía en renunciar al placer, sino en relacionarse con él de manera libre. Epicuro, a menudo caricaturizado como un defensor del exceso, enseñaba precisamente lo contrario: los placeres más estables se alcanzan con una vida sencilla, y quien depende de lujos se condena a la insatisfacción. Los estoicos, por su parte, veían en el deseo descontrolado una de las principales fuentes de perturbación, y el budismo sitúa en la sed y el apego la raíz del sufrimiento.
Nos parece una virtud profundamente contracultural. Vivimos en una economía que necesita que deseemos siempre más, que convierte cada carencia en una oportunidad de venta y cada momento libre en tiempo de consumo. En ese contexto, la templanza deja de ser una virtud privada y se convierte en un gesto crítico frente al consumismo y en una condición para la sostenibilidad del planeta. Saber cuándo es suficiente es, hoy, una forma de cuidar de uno mismo y del mundo.
Practicarla no exige grandes renuncias, sino atención. Darse cuenta de qué necesitamos realmente y qué es solo impulso; notar cómo ciertos hábitos nos dejan más vacíos de lo que prometían; aprender a disfrutar de lo que ya tenemos. La templanza devuelve el gusto por las cosas, porque quien no está siempre persiguiendo lo siguiente puede detenerse en lo presente. Y aporta una libertad discreta, la de no estar a merced de cualquier estímulo que se nos ofrezca.
Tendencia hacia aquello que nos falta. Estoicos y budistas lo vieron como fuente de sufrimiento; para Lacan, es una falta que nunca se colma.
Tendencia a buscar satisfacción e identidad en la adquisición constante de bienes y experiencias.
En Cura sui no solo explicamos la filosofía: la practicamos juntos. Descubre los cursos en los que trabajamos estas ideas.
Ver todos los cursosLa charla será por Zoom el próximo 3 de octubre del 2026 a las 19:00h (hora peninsular española).