Deseo: Tendencia hacia aquello que nos falta. Estoicos y budistas lo vieron como fuente de sufrimiento; para Lacan, es una falta que nunca se colma.

El deseo es una de las fuerzas más poderosas de la vida humana y uno de los temas más constantes de la filosofía. En el Banquete, Platón lo presenta a través de Eros, hijo de la pobreza y del recurso: deseamos lo que nos falta, y en esa falta se abre el camino hacia lo bello y lo verdadero. Spinoza dio un giro decisivo al afirmar que el deseo es la esencia misma del ser humano, el esfuerzo por perseverar en el propio ser. Para él, no deseamos algo porque sea bueno, sino que lo consideramos bueno porque lo deseamos.

Las tradiciones han mirado el deseo con más o menos desconfianza. Los estoicos lo consideraban una pasión peligrosa cuando se dirige a lo que no depende de nosotros, y el budismo sitúa en la sed y el apego la raíz del sufrimiento. El psicoanálisis, sobre todo con Lacan, lo entendió como una falta que nunca se colma del todo: cada objeto que alcanzamos deja paso a otro. René Girard añadió que nuestro deseo no es tan original como creemos, sino que imita el de otros, lo que llamó deseo mimético. Y Freud lo vinculó a las pulsiones que nos mueven desde el cuerpo.

Vivimos en una economía del deseo. La publicidad, las redes sociales y el consumismo funcionan fabricando deseos constantemente, prometiendo que el próximo objeto o experiencia nos traerá la plenitud que el anterior no trajo. Frente a ello, no creemos que la respuesta sea extirpar el deseo, algo imposible y quizá empobrecedor, sino aprender a conocerlo, distinguir qué deseamos de verdad y qué nos ha sido inducido, y orientarlo hacia lo que nos hace crecer. Esa es la sabiduría que buscaba la antigua templanza.

Una práctica sencilla consiste en observar los propios deseos antes de actuar sobre ellos: de dónde vienen, qué prometen, qué sucede cuando se cumplen. A menudo descubrimos que la satisfacción es breve y que el deseo vuelve con otro objeto. Otras veces encontramos deseos profundos, de vínculo, de sentido o de creación, que merecen ser escuchados y cuidados. Aprender a distinguir unos de otros es una de las tareas centrales del autoconocimiento y una forma concreta de libertad.

Véase también

Apego

En el budismo, sed o aferramiento a lo que deseamos que permanezca; raíz del sufrimiento según la segunda noble verdad.

Deseo mimético

Para René Girard, deseamos lo que otros desean: el deseo se aprende imitando modelos y genera rivalidad.

Templanza

Virtud de la moderación y el dominio de uno mismo frente a los deseos y los placeres.

Consumismo

Tendencia a buscar satisfacción e identidad en la adquisición constante de bienes y experiencias.

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