Deseo mimético: Para René Girard, deseamos lo que otros desean: el deseo se aprende imitando modelos y genera rivalidad.

El pensador francés René Girard formuló esta idea en su primer libro, dedicado a los grandes novelistas europeos. Observó que en obras como el Quijote, Madame Bovary o las novelas de Stendhal, Proust y Dostoievski, los personajes no desean las cosas de forma espontánea, sino porque otro, un modelo, las desea o las posee. Don Quijote quiere ser caballero porque imita a Amadís de Gaula; Emma Bovary desea la vida de las heroínas de sus lecturas. Girard llamó a este fenómeno deseo mimético: nuestro deseo no es tan original como creemos, sino que se aprende imitando.

Esta imitación no es un defecto, sino un rasgo fundamental de la condición humana: aprendemos a desear como aprendemos a hablar, observando a otros. El problema aparece cuando el modelo y el imitador desean el mismo objeto y este no puede compartirse. Entonces el modelo se convierte en rival, la rivalidad se intensifica y el objeto mismo pasa a un segundo plano. Girard pensaba que esta dinámica explica buena parte de la violencia humana, que tiende a contagiarse y a extenderse, y que las sociedades han resuelto a menudo mediante el mecanismo del chivo expiatorio.

La teoría de Girard ilumina con fuerza el mundo contemporáneo. La publicidad, las redes sociales y la cultura de las celebridades funcionan como grandes máquinas de deseo mimético: nos muestran constantemente a otros deseando, poseyendo y disfrutando, y nos invitan a imitarlos. El consumismo se alimenta de esta dinámica, igual que la comparación constante que tanto daña la autoestima. Comprender que buena parte de lo que queremos lo queremos porque otros lo quieren es un ejercicio de lucidez y de libertad.

Liberarse por completo de la imitación es imposible; lo que sí podemos es elegir mejor a nuestros modelos y reconocer cuándo un deseo no es realmente nuestro. Puede ayudar preguntarse, ante un anhelo intenso, quién nos lo ha contagiado, qué representa y si seguiría importándonos si nadie más lo deseara. Rodearse de personas cuyo modo de vivir admiramos de verdad, y no solo cuyo éxito envidiamos, orienta el deseo hacia lo que nos hace crecer. Y reconocer al rival como alguien que desea lo mismo que nosotros puede desactivar muchos conflictos.

Véase también

Deseo

Tendencia hacia aquello que nos falta. Estoicos y budistas lo vieron como fuente de sufrimiento; para Lacan, es una falta que nunca se colma.

Chivo expiatorio

Mecanismo por el que un grupo descarga su violencia sobre una víctima para restaurar la cohesión, según René Girard.

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