Chivo expiatorio: Mecanismo por el que un grupo descarga su violencia sobre una víctima para restaurar la cohesión, según René Girard.

La expresión procede de un antiguo ritual descrito en el libro bíblico del Levítico: el día de la expiación, el sumo sacerdote cargaba simbólicamente los pecados del pueblo sobre un macho cabrío, que era enviado al desierto. Con el tiempo, la expresión pasó a designar a cualquier persona o grupo al que se culpa de males colectivos de los que no es responsable, o no es el único responsable. René Girard la convirtió en un concepto central de su antropología, en libros como La violencia y lo sagrado y El chivo expiatorio.

Para Girard, las comunidades humanas están amenazadas por la violencia que nace del deseo mimético: las rivalidades se contagian y pueden desembocar en una crisis generalizada. En esos momentos, el grupo tiende a canalizar su violencia hacia una víctima, a menudo alguien marginal o diferente, a la que atribuye la culpa del desorden. La unanimidad contra la víctima devuelve la paz al grupo, y la víctima llega incluso a ser sacralizada. Girard pensaba que muchos mitos y ritos arcaicos cuentan esta historia desde el punto de vista de los perseguidores, y que la tradición bíblica, al proclamar la inocencia de las víctimas, desveló el mecanismo.

Aunque la teoría de Girard es discutida en sus aspectos más generales, el mecanismo que describe es reconocible en todas partes: en la persecución de minorías, en los linchamientos mediáticos, en el acoso escolar o en las dinámicas de grupo que necesitan un culpable. Muchas veces la proyección de la propia sombra colectiva se dirige contra alguien concreto. Comprenderlo es un acto de pensamiento crítico y de justicia: nos ayuda a sospechar de la unanimidad y a ponernos del lado de quien está siendo señalado.

Todos podemos participar en este mecanismo sin darnos cuenta, y también podemos ser su objeto. Una buena práctica es detenerse cuando un grupo, en la familia, el trabajo o las redes, coincide con entusiasmo en culpar a alguien, y preguntarse qué tensiones se están descargando sobre esa persona. Negarse a sumarse al coro, escuchar a quien es acusado, reconocer la parte de responsabilidad propia en un conflicto: son gestos modestos que pueden romper la cadena. Y si somos nosotros los señalados, recordar que la culpa colectiva a menudo dice más del grupo que de nosotros.

Véase también

Deseo mimético

Para René Girard, deseamos lo que otros desean: el deseo se aprende imitando modelos y genera rivalidad.

Proyección

Atribuir a otras personas sentimientos o deseos propios que no se reconocen como tales.

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