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Únete aquíMalestar en la cultura: Tesis de Freud según la cual la civilización exige renunciar a impulsos, lo que genera una insatisfacción inevitable.
En 1930 Freud publicó un ensayo breve y ambicioso, El malestar en la cultura, en el que se preguntaba por qué la civilización, que tanto ha hecho por proteger a los seres humanos de la naturaleza y de sí mismos, no les hace más felices. Su respuesta fue inquietante. La vida en común exige renunciar a buena parte de nuestras pulsiones, sexuales y agresivas, y esa renuncia deja un resto de insatisfacción inevitable. Según Freud, cambiamos una parte de felicidad posible por una parte de seguridad, y el precio es un malestar difuso que nunca desaparece del todo.
En el ensayo, Freud dedica especial atención a la culpa. La agresividad que no puede dirigirse hacia fuera se vuelve hacia dentro, a través del superyó, y se convierte en un sentimiento de culpa que crece con el progreso de la civilización. Así, cuanto más civilizados somos, más severos nos volvemos con nosotros mismos. Estas ideas fueron retomadas y discutidas por pensadores como Herbert Marcuse, que se preguntó si toda esa renuncia era realmente necesaria o respondía a formas concretas de dominación, y por muchos otros que han pensado la relación entre sufrimiento psíquico y organización social.
Casi un siglo después, el título de Freud sigue siendo una de las mejores descripciones de nuestra época. El malestar ha cambiado de forma: ya no nace tanto de la prohibición como de la exigencia de rendimiento, de goce y de felicidad permanente. Autores como Byung-Chul Han han descrito una sociedad del cansancio en la que el sujeto se explota a sí mismo en nombre de su libertad. Nos interesa esta perspectiva porque impide reducir el sufrimiento a un asunto meramente individual o químico.
Tomar en serio esta idea no significa renunciar a cuidar de uno mismo, sino hacerlo sabiendo que parte del malestar que sentimos tiene raíces compartidas. Eso alivia la culpa de no estar bien en un mundo que exige estarlo siempre, y abre la pregunta por cómo transformar las condiciones que nos enferman. El cuidado de sí y el cuidado del mundo se encuentran aquí: comprender las causas culturales del malestar es el primer paso para imaginar formas de vida en común más habitables.
Sensación difusa de incomodidad o sufrimiento psíquico que no siempre tiene una causa clara ni encaja en un diagnóstico.
Fuerza psíquica que empuja hacia un fin; Freud distinguió entre pulsión de vida (Eros) y pulsión de muerte (Tánatos).
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