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Únete aquíFilosofía y acompañamiento filosófico para habitar el dolor
Nacho Bañeras presenta «Médicos del alma», un libro sobre cómo la filosofía puede ayudarnos a habitar con cuidado aquello que nos pasa, sin huir del dolor ni perseguir cielos imposibles.
En esta entrevista con la Editorial Kairós, Nacho Bañeras presenta Médicos del alma, un libro que ha ido madurando durante más de diez años al hilo de la formación en acompañamiento filosófico que imparte desde 2015.
La idea de partida es sencilla y radical: cada ser humano lleva un médico dentro. Todos hacemos lo que sabemos y podemos con lo que nos sucede —frustraciones, rupturas, enfermedades, muertes— y en ese proceso se juega lo más íntimo de nosotros, lo que el autor llama «alma». No una esencia ni una autenticidad que haya que encontrar, sino una construcción que puede hacerse de forma consciente.
A lo largo de la conversación aparecen algunas de las tesis centrales del libro:
Frente al autocuidado entendido como consumo, Bañeras propone un cuidado de sí que consiste en darse cuenta de uno mismo sin perseguirse, y en aprender a habitar cuidadosamente el dolor cuando no se puede cambiar. Vivir filosóficamente, concluye, es vivir una vida humana: cultivar una sensibilidad capaz de percibir la hondura de la existencia.
El libro lo empecé a escribir a medida que iba construyendo la formación en acompañamiento filosófico, que es una formación que empecé a hacer en el 2015 después de haber visto haciendo la carrera de filosofía, eh la importancia que tiene la dimensión del autoconocimiento tanto en la filosofía como ha ido teniendo en mi vida, ¿no?
Es decir, he sido alguien que se ha ido queriendo preguntar quién es, pero y principalmente qué hacer con aquello que me iba pasando en la vida, que creo que es algo que nos hacemos todos la pregunta, ¿no? ¿Cómo convivir con aquello que nos va pasando, con aquello que nos va interpelando también con aquello que nos va que nos hace sufrir? ¿Cómo sobrellevar aquello que vivimos? y encontré en la filosofía una manera de de hacer este recorrido rico, profundo y también vital, ¿no? Y de ahí pues me ha servido a mí a nivel personal, pero también para hacer para construir esta formación. Entonces, el libro lleva siendo un proceso de maduración de algo más de 10 años en los que a través de la formación he ido desarrollándola.
Yo creo que cada ser humano, lo digo en el libro, lleva un médico dentro. Es decir, cada ser humano va eh haciendo lo que sabe y puede con aquello que le va pasando, buscando su propio bienestar, su propia felicidad y a la vez habiendo de convivir con situaciones que en ocasiones no son agradables, ¿no? Frustraciones, rupturas, muerte, enfermedades, ¿no? Entonces, cada ser humano va haciendo un proceso con eso, que en general lo llamamos madurar, pero que creo que hecho de una forma consciente a través de toda la riqueza que puede aportar la filosofía, se vuelve un proceso muy rico. Y entonces, a médicos del alma, eh, alma yo la la quiero referir no a algo esencial, sino a algo íntimo de cada uno de nosotros.
Pues creo que lo íntimo justamente de cada ser humano es aquello que es aquello que hace con lo que le sucede, ¿no? Esa esa alquimia que hace entre lo que vive, lo que piensa, lo que sienta y a partir de la cual va haciendo el proceso de transformación. Para mí eso es el alma. Por tanto, no en el libro me alejo de ideas esenciales o de concepto de autenticidad, no. Yo creo que es una construcción ah y una construcción que eso sí puede ser hecha de forma consciente.
Pues nuestra naturaleza filosófica se muestra de muchas maneras. ¿Qué hago cuando me enamoro de una persona que me rechaza? ¿Qué hago? ¿Cómo me lo tomo? ¿Cómo lo asumo? Yo creo que ahí hay muchas opciones filosóficas que hago cuando veo que algún familiar, algún conocido se muere.
Eh, ¿cómo escojo aquello a lo que me quiero dedicar profesionalmente? ¿Cómo reconozco aquello que valoro? Eh, ¿cómo resuelvo situaciones conflictivas? ¿A qué dedico el tiempo libre o a qué dedico mi vida? No, eso creo que son decisiones que tienen que tienen contenido filosófico y que las hago porque hago un proceso de maduración o porque voy reconociendo en mí qué es lo importante, que no. Y creo que por eso el ser humano es eh un es un ser filosófico y es inevitablemente filosófico.
La filosofía se ha ido o tradicionalmente la filosofía occidental, porque Oriente no lo ha hecho, no lo ha hecho así, pero la filosofía occidental se ha ido escudando, ha ido subiendo a la torre de marfil, ¿no?, preocupada por un discurso y se ha alejado de la filosofía y justamente a lo que ha permitido es que a día de hoy no la tengamos como referencia para poder encontrar el el camino o la manera de poder vivir de una forma más profunda, ¿no?
Además de este camino que ha ido optando la filosofía, nosotros somos una sociedad que tiene en el centro de sus valores lo productivo, el hacer, el rendimiento, el reconocimiento de los demás y por tanto queda más apartada la idea de poder hacer un recorrido rico de transformación respecto a aquello que me pasa, ¿no? Poder entender la vida como un viaje. Y la vida es efectivamente un viaje en la que gracias a la experiencia voy enriqueciéndola, ¿no? Y yo creo que eso ha quedado desplazado por bueno, por lo productivo para sintetizar. Efectivamente, ¿no? Con las pantallas tenemos más puesta la mirada hacia fuera, con lo que buscamos el reconocimiento. Y además ese poner la mirada hacia fuera también es engañosa, porque lo que vemos o con aquello que convivimos mayormente es con imágenes, con imágenes que nunca se adecúan a la realidad.
Por tanto, tenemos idealizadas esas imágenes. Entonces, el la sensación de insuficiencia, de carencia, la vivimos más cercana, porque nunca podemos e acercarnos o hacer realidad esas imágenes. Sí, yo pongo en cuestión a que sea la psicología la que se haya ocupado de esta dimensión que, repito, la filosofía ha dejado ir, ¿no? No se ha querido ocupar o que lleva un tiempo dejando ir, ¿no? Entonces, yo creo que sí que la vida tiene unas dimensiones que son insoslayables, que forman parte de nuestra existencia y que para nada me parece que tenga que hacerse cargo una una disciplina que simplificándola mucho entiende el ser humano a través de la dicotomía salud enfermedad, ¿no? pongo en el libro, estamos llenos de vida y estar lleno de vida implica aceptar también las cicatrices, las frustraciones, las rupturas, la herida o las heridas, ¿no?
Y eso forma parte de la vida. Bueno, claro, tendríamos que hablar de qué tipo, ¿no?, de de medicina, porque hay mucha hay muchas eh corrientes de psicología y hay corrientes de psicología muchísimo más abiertas, ¿no? Pienso en la psicología humanista que justamente se abre para incorporar, ¿no?, esta dimensión filosófica de la vida. Pero no obstante la vía médica pues evidentemente es o intenta ser más científica, intenta ser más ah o intenta poner el énfasis en lo cuantitativo y de ahí es más fácil hacer un mercado económico. Yo siempre pongo como una frontera a partir de la cual poder delimitar una cosa de la otra. La capacidad de la persona para tener conciencia de aquello que le pasa. La capacidad de la persona de tener conciencia de aquello que le pasa implica también la posibilidad de ocuparse de aquello que le pasa.
Para mí eso es importantísimo, ¿no? Y esto que parece tan sencillo en realidad no lo es tanto, porque tener capacidad, tener conciencia y capacidad para ocuparme de aquello que me pasa, pues puede pedir cultura, puede pedir tener un cierto bienestar material, económico, puede implicar también tener un entorno social a partir del cual desarrollar, ¿no?, esta cultura del tener conciencia de mí. Por tanto, la conciencia de de mí, aunque es algo que parece obvio y la posibilidad de ocuparme entonces de mí, no lo es tanto. No hay hay la necesidad de hacer toda todo un proceso de, por decirlo así, ¿no? De de culturalización para que la persona vaya aprendiendo eso. Sin embargo, no obstante, si esa es la pregunta, yo diría que esta es la que marca marca la frontera.
Bueno, el acompañamiento filosófico primeramente busca indagar, eh, y utilizamos muchas veces la palabra bien, mal, pero son palabras excesivamente genéricas, pueden decir muchas cosas. Entonces, creo que una primera tarea del acompañamiento filosófico es concretar, en este caso, quién tiende por la persona por mal, ¿no? Y el concretar se vuelve un camino, ¿no?, que yo siempre llamo como estirar del hilo de Arianna, a partir del cual ir nombrando aquello que me pasa. Cuando yo nombro aquello que me pasa, me permite tomar conciencia de aquello que me está pasando. Cuando tomo conciencia lo puedo notar, lo puedo sentir, puedo reconocer que lo estoy sosteniendo aunque me haga sufrir. Y gracias al poderlo ir narrando, siempre en las narraciones aparecen grietas, aparecen puertas, aparecen posibilidades que hasta entonces no se habían reconocido para poder eh transformar, a veces transformar, a veces cambiar, a veces simplemente integrar y aprender a sostener aquello que nos pasa.
Por tanto, en la propia manera de ir concretando qué es estar mal, la persona va haciéndose consciente y y puede a la vez responsabilizarse, es decir, dar una respuesta a aquello que le pasa en esta sociedad, que entre otras cosas le prestamos mucha atención al bienestar. De hecho, Nietzsche decía que el bienestar y la salud se iban a convertir en el único horizonte al que el ser humano podría aspirar. Ah, y creo que sí que e le dedicamos mucho tiempo a este bienestar físico, eh entre otras cosas porque no tenemos tan presente la muerte. Somos una sociedad que la muerte la tiene bastante apartada y no reconocemos que la muerte la tenemos muy cercana. Y no hablo simplemente de la muerte literal, eh, sino hablo de la muerte como aquella dimensión de la vida que nos muestra que la vida continuamente va cambiando y que continuamente nos estamos despidiendo de situaciones.
Yo me despido del día de hoy, como me despido, me despidí de la juventud o me despido de los estudios o me despido de alguna persona. Es decir, la vida continuamente se está transformando y eso no lo tenemos en cuenta y no teniéndolo en cuenta nos da miedo. Con lo cual intentamos fijar, mantener la situación y en este sentido se ve claro con lo obsesivo de nuestra de nuestra sociedad en torno al tema de la salud. No tenemos la educación para sostener el lado disfórico de la vida. disfólico quiere decir que cuesta de sostener. Entonces, eso generalmente lo queremos lo queremos eh lo queremos fuera porque priorizamos la rapidez, priorizamos la satisfacción instantánea, priorizamos el el ya, ¿no?
El ya y sin y sin dolor, si puede ser. Y evidentemente a mí también me gustaría quitarme el dolor de encima. Ah, no obstante, eh, el dolor también nos permite madurar, también me permite ir teniendo una mirada hacia mí mismo como alguien que no huye, sino que es alguien que mira de vivir aquello que le pasa entregado completamente o tanto como puede mejor a aquello que le pasa. Diría que nada, es decir, el yo es una idea. Yo voy montando, a veces lo presento como el yo es un álbum de fotos en el que yo voy poniendo fotos, las que creo que voy poniendo, pero el álbum, el álbum de fotos es algo artificial. La idea que tenemos de nosotros mismos también es artificial. se ha ido construyendo, como decías, por las creencias, por la mirada que me dirigen mis padres, por ejemplo, por las experiencias que he ido teniendo yo.
Pero en realidad es un cuento. Cuando yo quiero preguntarme quién soy, lo que aparece es una narración, un cuento que si soy sincero lo he ido cambiando a lo largo de mi vida. Es un cuento que e el narrador es un poco tramposo porque se narra a sí mismo. Eh, por tanto, yo hablo más bien de una construcción más que de algo verdadero. Entonces, siendo una construcción, siempre es susceptible de irse eh deconstruyendo y construyéndose. Y en el libro lo que planteo es que la la la el acompañamiento filosófico tiene como dos dimensiones. Una, primeramente ver cómo se narra este cuento y ver qué cosas de este cuento podemos cambiar para hacer un cuento más maduro, más rico, más complejo. Y otra opción que me parece más profunda, más rica, es mirar si se puede vivir sin tanto cuento, ¿no?
Como algo más distanciado de lo narrativo. Hay una pregunta que me parece muy filosófica y la utilizamos a menudo, que es el cómo estás. El cómo estás lo utilizamos como una manera de socializar, ¿no? Hola, ¿cómo estás? Y no esperamos que la persona nos dé ninguna respuesta más allá de bien, mal y no queremos entrar mucho más. Sin embargo, si yo me tomo la pregunta en serio, la pregunta del cómo estás para responderla me obliga a dirigir la mirada hacia mí y poder poner palabras y sentir aquello que me está pasando. Así que esta es la primera filosof la primera pregunta muy sencilla que me parece que tiene una carga eh filosófica por cuanto eso que estaba diciendo eh me permite tomar conciencia de aquello que me pasa.
Y luego el no tanto juzgar la situación como esto que me pasa es bueno o malo, sino iner intentar comprender aquello que estoy viviendo. Otra vez tirar del hilo, ¿no? ¿Por qué estoy sintiendo aquello que estoy sintiendo? ¿Por qué lo estoy interpretando? como lo estoy interpretando. Y muchas veces el ir estirando del hilo me permite ir reconociendo pues ah por ejemplo que si tengo vergüenza eh no es tanto por el miedo al juicio del otro, sino reconocer que es mi propio juicio proyectado en el otro, ¿no? Es entonces son, por ejemplo, cosas que me permiten ocuparme de aquello que estoy haciendo, pero que no me doy cuenta. Esto lo digo porque en el libro lanzo una crítica a discursos de autoayuda y discursos espirituales o discursos incluso desde la psicología que vienen a decir que todo es responsabilidad del individuo, eh, que si estás mal es únicamente por tu propia responsabilidad.
Y yo de esto me quiero distanciar. Me quiero distanciar porque hay una hay una necesidad de hacer una crítica a nuestra sociedad que nos empuja a vivir de una manera determinada. Y creo que responsabilizar únicamente al individuo de su malestar es cargarlo con una mochila excesivamente grande porque no le corresponde a él, que genera culpa cuando eh me doy cuenta de que quiero ser feliz, pero no lo soy y además eso es culpa mía. Eh, por tanto, esa es a esa es la primera lo digamos lo que a partir de lo cual hago la reflexión. Entonces, todos los discursos que tienen que ver con, por ejemplo, e buscar mi propia realización personal, buscar mi autenticidad, buscar mi iluminación, buscar mi sanación.
Todos esos discursos que buscan una meta fija definitiva son discursos que no tienen en cuenta que el ser humano es por definición alguien desencajado y que no hay manera de encajar. No hay manera definitiva de encajar. Por tanto, es algo con lo que nos toca convivir. Todos esos discursos que buscan este cielo son discursos que finalmente frustran, que frustran y culpabilizan. Por tanto, son discursos que yo pongo en entre paréntesis, eh, es decir, y aquí matizo, yo soy alguien que que defiende la búsqueda, pero que parte del reconocimiento de que el ser humano es un ser desencajado, vulnerable. Ser humano es un ser desencajado. Siempre pongo la misma imagen, porque es un ser que vive entre el cielo y la tierra.
Aspira al cielo, aspira a no sufrir. ¿Quién no va a aspirar a eso? y sin embargo nunca deja de sufrir y a la vez no se acaba de contentar de satisfacer con la tierra con con su propia dimensión finita. Hm. Yo deseo, consigo lo que deseo y al cabo de un tiempo vuelvo a estar eh deseando, vuelvo a estar en la rueda. Por tanto, soy un ser desencajado, soy un ser que ah no solo está desencajado porque tiene deseos que satisface y que tiene que volver a y que se encuentra de nuevo con el deseo, sino que soy estoy desencajado porque la vida yere desde el minuto cero. Cuando nazco, pues nazco y me encuentro con el dolor, me encuentro con la separación de la madre en algunos momentos, me encuentro con la soledad, me encuentro con con la las enfermedades y me encuentro, por ejemplo, con la incertidumbre.
No sé qué pasará mañana, de hecho, no sé qué pasará esta tarde o al momento siguiente. Por tanto, convivo con eh con este elemento de finitud constante. Me parece que vivir como seres humanos es vivir de una forma heroica. Yo creo que el ser humano es un héroe porque convive con esta con esta mochila sin tener herramientas para solucionarla. No, no puedo tener la certeza absoluta. No puedo ser alguien que no morirá o que no eh enfermerá. Eh, por tanto, convivo con la afitud de una forma constante. Entonces, por eso digo que el ser humano es un ser desencajado, es un ser vulnerable. Yo quiero diferenciar incertidumbre de precariedad. La incertidumbre tiene como origen pues la dimens la vida. La vida conlleva incertidumbre.
Ahora, eso es diferente a la precariedad y la precariedad la caracterizo como aquella forma de hacer que intenta e que intenta y consigue e hacer poner la condición vulnerable más a más a flor de piel, más visible. Evidentemente, políticas que no tienen en cuenta el las condiciones laborales o las condiciones de no de de del acceso a la vivienda son políticas que que hacen más visible la condición vulnerable del ser humano y que por tanto precarizan esa condición. Lo sabe la misma persona, mayoritariamente lo sabe la misma persona y lo sabe cuando puede reconocer en sí misma que está haciendo ese proceso. Es decir, que está pudiendo reconocer aquello que le pasa, tomando conciencia de aquello que le pasa, está pudiendo estirar del hilo de aquello que le pasa, está pudiendo hacer un proceso de transformación con aquello que le pasa y está pudiendo sostener aquello que le pasa.
Porque en muchas ocasiones, digamos, eh lo único a lo que podemos aprender es a sostener aquello que nos pasa. A veces no podemos cambiar. No podemos cambiar la muerte de alguien cercano. No podemos cambiar cuando eh tenemos una ruptura de una relación de pareja y nos toca sostener el miedo, el dolor sin poder hacer otra cosa más que sostenerlo. Ahora bien, hay un aprendizaje en sostener que tiene que ver con poder habitar de una forma cuidadosa aquello que me pasa, poder habitar cuidadosamente el dolor, ¿no? poder reconocer que me puedo ocupar de él de una forma amorosa, cuidadosa. Creo que el cuidado es aquella, el cuidado que yo defiendo en el libro es aquella actitud que me permite darme cuenta de mí a sin perseguirme, sin perseguirme y que por tanto pone en digamos en el centro tanto la voluntad de aprender de aquello que me pasa y de mí como el ocuparme cuidadosamente de aquello que me pasa, digamos, ocuparme y pensar o o aprender.
Eso lo diferenció de del consumo, de esto que decías de del autocuidado, eh porque he admitido la dimensión vulnerable del ser humano, es decir, no me escapo o no persigo un cielo imposible y, por tanto, no estoy en una actitud automática de perseguir una zanahoria que es inalcanzable, ¿no? En la primera hay un reconocimiento de algo que es insosleyable, que es pues mi condición vulnerable, mi condición finita. Sí. Yo cuando empecé a hacer acompañamiento, yo pensaba que sí se podría llegar ahí, que sí se podía llegar a ese cielo, a esa sabiduría, esa se ha ido diciendo de formas de diferentes maneras. A mí me interesaba la sabiduría, la serenidad. Ah, esa es una idea que he ido descartando en la formación y en mi propio proceso.
Y es una idea que es muy liberadora de soltar. Soltar esa zanahoria es muy liberadora porque permite aceptar lo que hay y lo que hay a veces, aunque no guste mucho o no o no tanto como esa idea que es muy bonita, ah, pues es muy leverador y creo que también ah me ha permitido ser más cálido con los demás y conmigo mismo, ¿no? aceptar esta dimensión vulnerable y eso ha tenido que ver con dejar con soltar esta idea de eh no de la liberación o del cielo atemporal. Vivir una vida filosófica para mí tiene que ver con vivir una vida humana. Vivir filosóficamente es vivir una vida humana. es acercarme a lo que implica ser humano. Y ser humano es acercarme a esta dimensión vulnerable, finita, desencajada.
Por otra parte, la filosofía la ha ido entendiendo, es una forma de responder a la pregunta como no tanto como un discurso racional, sino que la filosofía es aquella aquel camino que permite despertar una sensibilidad, una capacidad de percibir diferente. Sensibilidad es capacidad de percibir. una capacidad de percibir que si le dedicamos tiempo nos permite ir reconociendo la profundidad, la hondura de la vida y de la existencia humana que es infinita. La profundidad y la hondura del ser humano es infinito. Entonces, la sensibilidad es esa capacidad de reconocer esta profundidad y es algo que creo que con las filosofías se puede cultivar. Por tanto, no tanto un discurso racional, que quizás es lo que estamos más acostumbrados cuando oímos filosofía, sino que la filosofía lo que nos permite es cultivar una una actitud de vida que va afinando una sensibilidad.
La charla será por Zoom el próximo 3 de octubre del 2026 a las 19:00h (hora peninsular española).