Sentido de la vida: Para Viktor Frankl, la motivación humana fundamental, que puede encontrarse incluso en medio del sufrimiento.

La pregunta por el sentido de la vida es tan antigua como la filosofía, pero en el siglo XX adquirió una urgencia nueva. El psiquiatra vienés Viktor Frankl, superviviente de varios campos de concentración nazis, la convirtió en el centro de su pensamiento y de su terapia, la logoterapia. En su libro más conocido, El hombre en busca de sentido, relata cómo en condiciones extremas quienes conservaban un motivo para vivir, una persona querida, una tarea pendiente, una fe, tenían más posibilidades de resistir. Para Frankl, la voluntad de sentido es la motivación humana más profunda.

Frankl no creía que el sentido se inventara a voluntad, sino que se descubre en cada situación concreta. Señaló tres grandes caminos para encontrarlo: crear algo o realizar una tarea, vivir una experiencia o amar a alguien, y adoptar una actitud digna ante un sufrimiento inevitable. Esta última vía es quizá la más original: incluso cuando no podemos cambiar las circunstancias, conservamos la libertad de decidir cómo nos situamos ante ellas. Otros pensadores, como Camus, partieron en cambio del absurdo, el silencio de un mundo que no responde a nuestra búsqueda, aunque también encontraron en la rebeldía y la solidaridad una forma de sentido.

La pérdida de sentido es, a nuestro juicio, uno de los grandes malestares contemporáneos. Frankl habló de un vacío existencial que aparece cuando las tradiciones ya no orientan y el bienestar material no basta. En una cultura que ofrece distracciones infinitas y que confunde el sentido con el éxito o la felicidad inmediata, volver a esta pregunta es una forma de cuidado. Además, el sentido rara vez se encuentra en solitario: suele estar ligado a otros, a una comunidad, a una causa, al cuidado del mundo.

A la pregunta por el sentido no hay una respuesta única ni definitiva, y quizá lo importante sea mantenerla viva. Puede ayudar preguntarse qué nos hace sentir necesarios, qué nos conmueve, por qué causas o personas estaríamos dispuestos a esforzarnos, qué querríamos que quedara de nuestra vida. Frankl insistía en que no se trata tanto de preguntar qué espero de la vida como de escuchar qué espera la vida de mí. A menudo, el sentido aparece como fruto de una entrega, más que como resultado de una búsqueda, lo que conecta con la antigua eudaimonía.

Véase también

Vacío existencial

Sensación de falta de sentido, aburrimiento y vacío que Frankl consideró un malestar característico de nuestro tiempo.

Absurdo

Para Albert Camus, choque entre la búsqueda humana de sentido y el silencio del mundo.

Eudaimonía

La vida plena o floreciente, fin último de la ética en la filosofía griega.

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