Autocompasión: Tratarse a uno mismo con la amabilidad y comprensión que ofreceríamos a un amigo en momentos difíciles (Kristin Neff).

La psicóloga Kristin Neff introdujo este concepto en la investigación psicológica a principios del siglo XXI, inspirándose en su propia práctica del budismo. Lo definió a partir de tres componentes. La amabilidad con uno mismo, en lugar del juicio severo, ante los errores y el sufrimiento. El reconocimiento de la humanidad compartida: equivocarse y sufrir es parte de la experiencia de todos, no una anomalía personal. Y la atención plena, que permite reconocer el dolor sin negarlo ni exagerarlo. La autocompasión es, en definitiva, dirigir hacia uno mismo la compasión que sentiríamos por un amigo.

Neff la propuso como alternativa a la autoestima, que a menudo depende del éxito y de la comparación con otros y se derrumba cuando fallamos. La autocompasión, en cambio, está disponible precisamente en los momentos difíciles. Paul Gilbert, por su parte, desarrolló una terapia centrada en la compasión para personas con altos niveles de autocrítica y vergüenza. Es importante no confundirla con la autocomplacencia o la autocompasión en el sentido de lamentarse: las investigaciones sugieren que quien se trata con amabilidad asume mejor la responsabilidad de sus errores y persevera más.

Esta idea desmonta un prejuicio muy arraigado: la creencia de que necesitamos ser duros con nosotros mismos para mejorar. Muchas personas llevan dentro una voz crítica implacable, heredada de su educación o de una cultura que valora la exigencia por encima de todo, y creen que sin ella caerían en la pereza. La experiencia terapéutica muestra lo contrario: la crueldad interior paraliza, mientras que la amabilidad permite mirar los errores de frente. La autocompasión es también un antídoto contra la culpa que no repara nada.

Hay prácticas sencillas para cultivarla. Ante un momento difícil, puede ayudar reconocer lo que sentimos, recordar que otras personas pasan por situaciones parecidas y preguntarnos qué le diríamos a alguien querido en nuestro lugar. Algunas personas encuentran útil un gesto físico, como poner la mano en el pecho, o escribirse una carta amable. Al principio puede resultar extraño o incluso incómodo, sobre todo para quienes están acostumbrados a exigirse mucho. Con la práctica, esa voz más cálida se vuelve un apoyo real.

Véase también

Autoestima

Valoración que una persona hace de sí misma y de su propio valor.

Vergüenza

Emoción de sentirse expuesto y juzgado como persona inadecuada; a diferencia de la culpa, no se centra en un acto sino en uno mismo.

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