Autoestima: Valoración que una persona hace de sí misma y de su propio valor.

Ya a finales del siglo XIX, William James propuso una fórmula para pensar la estima de uno mismo: la relación entre lo que logramos y lo que pretendemos lograr. Desde entonces, la autoestima se ha convertido en uno de los conceptos más populares de la psicología. Designa la valoración global que una persona hace de sí misma, el grado en que se acepta, se respeta y se considera digna. En la jerarquía de necesidades de Maslow, la estima ocupa un lugar importante, justo antes de la autorrealización.

Durante décadas se pensó que elevar la autoestima era la solución a casi todo, y se promovieron programas educativos y terapéuticos centrados en ello. Con el tiempo aparecieron las dudas. Una autoestima inflada o que depende del éxito y de la comparación con los demás puede ser frágil e incluso favorecer el narcisismo. Por eso algunos psicólogos, como Kristin Neff, han propuesto la autocompasión como alternativa más estable: no necesitamos sentirnos mejores que otros para tratarnos con respeto. La psicología humanista, con Carl Rogers, insistió en la aceptación incondicional como base de una relación sana con uno mismo.

Desde nuestra mirada, conviene separar la autoestima de la lógica del mercado, que la convierte en otra mercancía o en un requisito para rendir mejor. Una buena relación con uno mismo no depende de ser excepcional, ni de acumular logros, ni de proyectar una imagen perfecta en las redes. Tiene más que ver con reconocer el propio valor sin condiciones y con mirar los propios límites sin crueldad. La vergüenza crónica, tan extendida, es muchas veces el reverso de una cultura que solo aprecia a los ganadores.

Trabajar la relación con uno mismo empieza por observar cómo nos hablamos: qué tono usamos al equivocarnos, qué exigencias nos imponemos, a quién nos comparamos. Ayuda rodearse de personas que nos valoren por lo que somos y no por lo que hacemos, y reconocer también nuestras fortalezas sin falsa modestia. Cuando la baja autoestima viene de heridas profundas, un acompañamiento terapéutico puede ofrecer un espacio seguro para revisarlas. La meta no es quererse mucho, sino tratarse bien.

Véase también

Aceptación incondicional

Actitud de acoger a la persona tal como es, sin juzgarla, que Carl Rogers consideró esencial para el crecimiento.

Autocompasión

Tratarse a uno mismo con la amabilidad y comprensión que ofreceríamos a un amigo en momentos difíciles (Kristin Neff).

Vergüenza

Emoción de sentirse expuesto y juzgado como persona inadecuada; a diferencia de la culpa, no se centra en un acto sino en uno mismo.

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