Experiencia cumbre: Momento de intensa plenitud, unidad y sentido descrito por Maslow, a menudo vivido como transformador.

Abraham Maslow llamó peak experiences, experiencias cumbre, a ciertos momentos en los que las personas se sienten intensamente vivas, unificadas y en armonía con el mundo. Las recogió en entrevistas con personas muy diversas y encontró rasgos comunes: la sensación de que el tiempo se detiene, la desaparición de la separación entre uno mismo y lo que le rodea, una alegría serena, la impresión de haber tocado algo esencial. Podían surgir ante la naturaleza, la música, el amor, el nacimiento de un hijo, un descubrimiento o la oración.

Maslow se inspiró en parte en William James, que a principios del siglo XX había estudiado los estados místicos y los había caracterizado por su carácter inefable y por su cualidad de conocimiento. La novedad de Maslow fue sacar estas experiencias del ámbito exclusivamente religioso y considerarlas parte de la vida psicológica sana, muy ligadas a la autorrealización. Más tarde habló también de experiencias meseta, más serenas y duraderas. Tienen parentesco con el flujo descrito por Csíkszentmihályi y con estados como el satori del zen, aunque cada tradición los interpreta a su manera.

Lo que más valoramos de esta idea es que reconoce una dimensión de la experiencia humana que nuestra cultura tiende a ignorar o a comercializar. Muchas personas han vivido momentos así y no tienen palabras para nombrarlos, o los guardan en silencio por temor a parecer ingenuas. Al mismo tiempo, conviene no convertirlas en un objetivo que hay que perseguir a toda costa, ni en un producto que se vende en retiros exprés o mediante sustancias. Las tradiciones contemplativas suelen advertir que lo importante no es el momento extraordinario, sino cómo transforma la vida cotidiana.

No se pueden fabricar a voluntad, pero sí se puede favorecer el terreno en que aparecen: dedicar tiempo a la contemplación, a la naturaleza, al arte, a la atención sin prisa, a los vínculos profundos. Y cuando llegan, merece la pena acogerlas sin aferrarse, dejarlas resonar y preguntarse qué nos enseñan. A menudo dejan una huella discreta: una confianza nueva, una sensación de pertenencia al mundo, un deseo de vivir de forma más coherente con lo que en ese instante se vio con claridad.

Véase también

Flujo

Estado de absorción total en una actividad desafiante en el que se pierde la noción del tiempo (Mihály Csíkszentmihályi).

Satori

En el zen, experiencia súbita de despertar o de comprensión de la propia naturaleza.

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