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Únete aquíReestructuración cognitiva: Técnica terapéutica para identificar y cuestionar pensamientos disfuncionales, heredera de la idea estoica de que nos perturban nuestros juicios.
La reestructuración cognitiva es una de las técnicas centrales de las terapias cognitivo-conductuales. Consiste en identificar los pensamientos automáticos que acompañan a un malestar, examinarlos con cuidado y sustituirlos, cuando es necesario, por interpretaciones más ajustadas a la realidad. Sus principales impulsores fueron Albert Ellis, con su terapia racional emotiva, y Aaron Beck, con la terapia cognitiva, a partir de los años cincuenta y sesenta. Ambos compartían una idea sencilla y poderosa: no son solo los acontecimientos los que nos hacen sufrir, sino lo que pensamos sobre ellos.
Ellis reconocía abiertamente su deuda con los estoicos, en particular con Epicteto, que había enseñado que no nos perturban las cosas sino nuestras opiniones sobre las cosas. Su modelo explicaba cómo una situación activadora, filtrada por una creencia, produce una consecuencia emocional. La técnica se apoya a menudo en el diálogo socrático: el terapeuta no impone otra forma de pensar, sino que ayuda a la persona a revisar sus propias distorsiones cognitivas mediante preguntas. Las terapias llamadas de tercera generación han matizado este enfoque, proponiendo no tanto cambiar el contenido de los pensamientos como la relación que mantenemos con ellos, en la línea de la atención plena.
Esta técnica muestra de manera muy clara cómo la filosofía antigua sigue viva en la psicología contemporánea. La dicotomía del control y el examen de los juicios, que los estoicos practicaban como ejercicios espirituales, reaparecen aquí en forma de herramientas terapéuticas. Nos alegra ese puente, pero también queremos recordar lo que a veces se pierde en el camino: para los antiguos, examinar los juicios formaba parte de una visión global de la vida buena, no solo de una estrategia para sentirse mejor.
Cualquiera puede ensayar una versión sencilla de este ejercicio. Ante una emoción intensa, anotar qué ha ocurrido, qué he pensado y qué he sentido. Después, revisar ese pensamiento: ¿es completamente cierto? ¿Qué diría alguien que me conoce bien? ¿Qué otra interpretación es posible? El objetivo no es forzarse a pensar en positivo, sino ver con más claridad. Cuando el malestar es intenso o persistente, un profesional puede guiar este trabajo de forma mucho más eficaz que la práctica en solitario.
Patrones de pensamiento sesgados, como catastrofizar o generalizar, que alimentan el malestar emocional.
Distinción estoica entre lo que depende de nosotros (juicios, intenciones, acciones) y lo que no.
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Ver todos los cursosLa charla será por Zoom el próximo 3 de octubre del 2026 a las 19:00h (hora peninsular española).