Ecuanimidad

upekkhā (pali)

Ecuanimidad: Estabilidad de la mente ante lo agradable y lo desagradable, sin aferrarse ni rechazar.

En el budismo, la ecuanimidad, upekkhā en pali, es una de las cuatro actitudes inconmensurables, junto a la bondad amorosa, la compasión y la alegría compartida. Designa un equilibrio de la mente que no se deja arrastrar por la atracción hacia lo agradable ni por el rechazo de lo desagradable. La tradición la compara con la tierra, que recibe por igual lo que se arroja sobre ella, o con una montaña que el viento no mueve. No es frialdad ni desinterés, sino una estabilidad interior que permite estar presente ante todo lo que ocurre.

Los comentaristas budistas advertían de sus falsificaciones. El comentarista Buddhaghosa describió para cada actitud un enemigo lejano, su contrario, y un enemigo cercano, que se le parece pero la corrompe. El enemigo cercano de la ecuanimidad es la indiferencia: una distancia que no nace de la comprensión, sino de la desconexión. La verdadera ecuanimidad no se desentiende de los demás, sino que es la base que sostiene la compasión sin que esta se hunda. En Occidente, los estoicos cultivaron un ideal cercano, y la ataraxia epicúrea y escéptica apunta en una dirección similar.

Nos parece una actitud muy necesaria en un mundo que nos somete a sacudidas constantes: noticias alarmantes, estímulos incesantes, altibajos emocionales amplificados por las redes. La ecuanimidad permite recibir todo eso sin quedar a merced de cada oleada, y responder con lucidez en lugar de reaccionar. Es especialmente valiosa para quienes acompañan el sufrimiento ajeno, porque les permite estar cerca del dolor sin desbordarse. También tiene mucho que ver con el desapego, entendido como libertad y no como huida.

La ecuanimidad se cultiva poco a poco, observando cómo reaccionamos ante lo que nos gusta y lo que nos disgusta. Puede ayudar notar en el cuerpo la tensión del deseo y del rechazo, y dejar que se afloje; recordar que todo pasa; o repetir, en momentos difíciles, frases que expresen aceptación de lo que no podemos cambiar. Ante la ira o la euforia, detenerse un momento antes de actuar es ya un ejercicio de ecuanimidad. Con el tiempo, la mente aprende a volver a su centro con más facilidad.

Véase también

Ataraxia

Estado de serenidad y ausencia de perturbación del alma, meta de epicúreos, escépticos y estoicos.

Desapego

Actitud de no aferrarse a las cosas, las personas ni los resultados, presente en el budismo, el estoicismo y la mística.

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